Primeros pensamientos en bruto sobre Japón

¡Por fin tengo cuerpo para escribir! Han sido días muy ajetreados. Si nos seguimos en Instagram, probablemente hayas visto un porrón de fotos bonitas de los primeros días en Kyoto y en Osaka. El itinerario es el siguiente: Madrid – Osaka (que es la BOP, base de operaciones del primer tercio del viaje), Kyoto – Osaka – Hiroshima y Miyajima – Himeji y Nara – Matsumoto (BOP 2) – Takayama – Tokyo (BOP 3) – Nikko – Kamakura. Es el día 5, estoy de camino a Hiroshima en el Shinkansen y me estoy tomando una botellita de café negro caliente buenísimo, Tully’s Coffee baritas’s black coffee. Será el país del té, pero flipas de lo bueno que está el café también.

Escogimos Osaka como BOP durante la primera semana para no repetir Tokio a la ida y a la vuelta; lo suyo habría sido volar a Osaka directamente, pero compramos primero y planificamos después, asumiendo que haríamos un viaje típico. Fue al abrir el mapa cuando vi que había muchísimos aeropuertos funcionando y bien conectados. Ahora quizá habría volado directamente a Osaka, ahorrando el desplazamiento desde Tokio después de taaaantas horas volando. Salí de Madrid un martes a las 12 y llegué al alojamiento el miércoles a las 21. Fuerte.

Treinta mil pasos al día

Uno de los primeros consejos que te da la gente cuando le cuentas que vas a Japón (y que se aplica a cualquiera, realmente) es que te prepares para andar mucho. Muuucho. Mucho. Es bastante lógico. Cada vez que me lo decían, yo pensaba en las jornadas de monte y, en general, en la vida activa que llevo, y lo dejaba estar. No podía ser más duro que subir el Garmo Negro con hipertiroidismo. Y no lo es, claro; ese es un listón demasiado alto x)

Pero sí te cansas. O, siendo más específica, se te cargan los gemelos y te molestan las plantas de los pies. Sobre todo al principio, que quieres hacerlo todo a todas horas y no te sientas ni para comer. Nada que no recuperes tras ocho horas de sueño, también te digo.

Nara me sorprendió mucho para bien. Hacer un picnic en el parque o recorrer los templos me dio paz. ¡No es el único sitio con ciervos!

¿Se puede ser un buen turista?

Viajando en esta época del año, te tienes que hacer a la idea de que habrá muchísimos turistas. Japoneses y extranjeros como tú y como yo. Esa fue la primera sorpresa: los japoneses también hacen mucho turismo, forman parte del gentío que sube al monte Inari o a Kiyomizudera, aunque por motivos distintos. En Japón confluyen varias religiones, entre ellas el budismo y el sintoísmo, tal y como lo reflejan sus templos.

Una de mis preocupaciones previaje era ser una buena turista. A mí me molesta el turista que altera la ciudad a su paso. El que berrea, hace fotos sin ton ni son, no lo sé. Me inquieta ser esa persona porque creo que hay que viajar para desconectar (de nuestra rutina) pero también para conectar (con otra cultura, por cercana que sea). ¿Qué hice para dejar de sentirme así?

  • Leer sobre las costumbres japonesas del día a día. Su sociedad está llena de pequeños rituales. Aunque es imposible prestar atención a todos, es fácil que te suenen una vez te has informado.
  • Aprender vocabulario básico. Hola, buenos días, gracias, la comida estaba muy buena, adiós, ¿dónde está X sitio?, ¿cuánto cuesta esto?, entiendo, no entiendo, necesito ayuda. El mínimo indispensable, y de aquí para arriba.
  • Prestar atención a la comunicación no verbal. En otra carta os cuento la anécdota del trol (si me acuerdo, jiji).

Reconozco que había leído tanto que estaba bastante tranquila e incluso juzgué un poquito a esos otros viajeros que, a mi juicio, un poco bastante a lo loco. Pero la vida siempre tiene preparadas unas cuantas curas de humildad. Por ejemplo, volviendo tarde a la BOP, nos metimos en un vagón inusualmente vacío en comparación al resto. Volvíamos ya de noche, a una hora prudencial, bastante cansados. Durante el trayecto, Iván me comentó un par de veces que se sentía incómodo. Al parecer, le estaban mirando mucho. Lo atribuí al hecho de que es un hombre occidental y listo. Solo cuando salimos nos dimos cuenta de que habíamos viajado en el vagón de mujeres. Lo primero que pensé fue: ¿por qué narices no lo señalizan mejor?

La realidad es que el vagón está pintado de rosa. Y tiene un “women only” grabado en grande. Nos sentimos bastante mal… un buen rato.

Hoy lunes empiezan las restricciones del barrio de Gion. Una medida que han implantado para proteger la privacidad de los habitantes de este mítico barrio. ¿La razón? La gran cantidad de turistas que fotografiaba geishas y maikos por las calles sin su consentimiento. Hubo hasta denuncias por perseguirlas o tocarles el cabello y los kimonos. Esta ley no es nueva: ya en 2019 intentaron disuadir a los turistas con carteles y multas, pero no han funcionado.

He estado callejeando por Kyoto tres días, incluido por esos callejones estrechos. De hecho, encontramos un restaurante diminuto el primer día donde comimos el mejor udon de la historia. Son preciosos. Enseñaría alguna foto si tuviera. Lo que pasa es que hay carteles que lo prohíben colocados en las farolas, en vallas o en las puertas de algunas okiyas. Es fácil cumplir la norma. A veces no hace falta tener foto de todo. Y vaya: que son propiedades privadas. ¿Sacarías una foto al chalé de un currela?

¡Gracias por leer! ¡Se me acumulan las anécdotas!


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